Pensamiento
Hace 2 años
Blog polimorfo, donde todo está permitido.
Por sugerencia de Hitos –mujer de ideas felices- abrimos hoy la "timba de la Refinería". En realidad se trata de una timba-plebiscito.
El objetivo es de esta propuesta es doble; por una parte llevar a cabo un plebiscito no científico ni vinculante, para ver como se posiciona la ciudadanía bloggera ante el asunto, y en segundo lugar, abrir una timba apostando cada uno según crea que finalmente la refinería se instalará o no.
Iré pasando los datos al paquete estadístico SPSS, a una base de datos que ya está creada, para su posterior análisis, aliño y maquillaje, si fuesen necesarios. Prometo honradez y honestidad.

Animo a la participación, que estamos en periodo electoral. Si se vota como “anónimo” se ruega añadir algún mote y no repetir votación; obviamente puede uno abstenerse en uno o en los dos item, haciéndolo constar.
En Cuatro están dando un “reality” en el que tres familias pasan 21 días con tres distintas tribus “primitivas”, dos de ellas en el África subsahariana y otra en Indonesia.
Ganará la familia que mejor se integre con los salvajes.
Me gustaría ver el making-off. En cada tribu hay un líder que dirige el cotarro, da premios o castiga a los visitantes, valorando en fin su nivel de inmersión en sus costumbres.
Pues bien, estos líderes parecen psicólogos expertos en dinámica de grupos más que salvajes, de forma que los salvajes y primitivos parecen ser los concursantes.
Una ONG que trabaja en la zona donde está una de las familias, zona bosquimana, acusa al programa de manipulación.
Dice que los salvajes que protagonizan la serie son más falsos que el rei carolo, que los poblados han sido construidos ad-hoc, y que además los figurantes –estos sí verdaderos salvajes- son compensados con casi 100 euros por niño y casi 200 euros por adulto, euros que inmediatamente los indígenas se gastan en vino, dando al traste con la dilatada actividad civilizadora que la ONG viene desarrollando en la zona.
Quizás sea mejor que todo sea falso. Para los concursantes se trata de una excursión y una estancia de 21 días en un sitio incómodo, con gente que presuntamente se lava con orina o que come gusarapos. El veneno que ellos inocularían en esos buenos salvajes, si de verdad lo fuesen, les dañaría ya a estos toda la vida.
No me gusta nada esta ministra. Es blanco de la derechona por su escaso curriculum, por ser mujer, por su juventud, por ser muy del partido, por hablar mal –miembras, dijo-, por su acento andaluz, por haber dirigido no sé qué de flamenco antes de florecer…
Nada de eso me parece objeto de crítica. Pero hay dos cosas que no le perdono.
La primera es que diga que un feto no es un ser humano y que se quede tan fresca, y que el partido arrope esa barbaridad hasta el punto de que otro ministro, -catedrático de metafísica, hermano de ex-Sor Iñaki y fraile arrepentido-, no solo no la critique, sino que dé rodeos imbéciles para no dejarla en evidencia.
Si algo debe caracterizar a la izquierda es la capacidad de autocrítica, e incluso de dimitir si hace falta. Con imbecilidades del tipo de la que soltó la ministra se hace daño a cualquier proyecto serio.
La segunda –más personal- es que, como he contado aquí, mi chica fue no hace mucho víctima de un tirón; estuvo mucho tiempo con un ojo morado como consecuencia de haber sido arrastrada de cabeza al suelo. Parecía una mujer maltratada, y era una mujer maltratada. Eso me llevó a escribir al Ministerio de Igualdad, a una dirección de correo que ofrecen para asuntos de maltrato, proponiendo que determinado tipo de atracos, como los tirones –lacra de las ciudades andaluzas-, cuyas víctimas son sistemáticamente mujeres, se incluyan en la violencia de género, de forma que sus autores puedan ser perseguidos con algo más de contundencia.
He enviado tres veces el correo, que incluye fotos de la cara de mi chica con su ojo morado y no he conseguido respuesta alguna, ni un acuse de recibo, sino ese espeso y franquista silencio administrativo.

La representante de la Junta Extremeña en el Festival de Eurovisión 2009, celebrado en Moscú, ha recibido esta noche un soberbio varapalo.
Una mala interpretación de una floja canción no justifica el desastre; ha quedado la penúltima de 25, y solo un puñado de puntos donados por Andorra y Portugal la han librado del cero absoluto que mantuvo mucho tiempo en su casillero.
Bastante peor que El Chiquilicuatre. El Uribarri no se lo explicaba.
Hay que buscar otra razón a la catástrofe, y parece obvia: los países europeos y asociados han entendido que no se trataba de un festival de Eurovisión más, sino de un plesbicito acerca del proyecto Refinería Balboa, que apoya la Junta Extremeña, la misma que apoya a la cantante.
Lo siento por Poyeya, que parece una buena chica, y que va a ver su carrera truncada por haber asociado su buen nombre al gobierno y al partido que defienden la instalación de esa cuestionable industria -por sucia, contaminante, anticuada, poco rentable y escasamente generadora de empleo- en plena Tierra de Barros.
Nadie puede negar elegancia a la columnata que acoge al visitante que llega a San Pedro de Roma. Su grandiosidad sobrecoge al peregrino, pero el calculado efecto de sus proporciones, en el que no están ausentes juegos ópticos y trampas de perspectiva, le permite al mismo tiempo sentirse como en el zaguán de su casa.


Si en la Gran Pirámide están anticipados en signos de sus galerías hitos de la historia de la humanidad, y todo el saber del álgebra y la geometría, mucho antes de Pitágoras o Tales, en la obra de Bernini se registran conocimientos que solo ahora, con la instalación de enormes aceleradores de partículas, estamos llegando a poseer.
Por ejemplo, el número de columnas y su distribución, reproduce con exactitud la organización de las partículas elementales en las órbitas del átomo de hidrógeno; más allá de que la división de la longitud de las columnas por la longitud de las estatuas en la cornisa, proporcione con exactitud el número ∏, también se obtiene sistemáticamente este número al dividir el perímetro de cada columna por su diámetro; no puede ser casual que al dividir la altura de cada columna por su perímetro, imperceptiblemente diferente de una a otra, se obtengan cifras que coinciden con precisión con la longitud de onda y vida media de las nanopartículas que componen la materia y que ahora se van descubriendo.