"What's in a name? That which we call a rose
By any other name would smell as sweet."

What’s in a name? se pregunta atormentada una vez y otra Julieta Capuleto, porque su amado Romeo Montesco lleva un nombre de familia cargado de dificultades y peligros.
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El lenguaje, como hemos dicho alguna vez, no es inocente, y las palabras las carga el diablo. Cualquier bloguero que se precie habrá dedicado un tiempo más o menos largo a ponerle un nombre a su blog, más o menos consciente de que el propio nombre determinaría algunas cosas.
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En mi caso, lo elegí sin mucha preocupación, pensando que el blog sería un juego del que me cansaría pronto. Entró Joselu, dejó un comentario, y luego fuisteis entrando todos hasta atraparme en el mostrador de la taberna, contra la que no prevalecerán las fuerzas del infierno.

Elegí el nombre del blog pensando en que hablaría de cosas exageradas, o sorprendentes, aunque no sé mucho del gigante que le da nombre, ni se me ha ocurrido leer la protonovela de Rabelais, que no estamos para clásicos gabachos.


Hoy, el día en que Maritoñi ha dado sus no-premios, el día en que Penélope ha ganado un oscar por un papel insulso en una película insulsa, el día en que el ministro Bermejo ha hecho muy bien dimitiendo, y cuando se cumplen 28 años de una peligrosa farsa que retransmitió Jose María García desde el capó de un SEAT 850, siento curiosidad por saber porqué le pusisteis a vuestro blog el nombre que lleva, o porque elegisteis el nick que os disfraza (esto va por ID).

Es pura curiosidad, aunque reconozco que en algunos nombres encuentro cierto morbo, y eso me intriga más...
(Una versión íntegra de la última imagen puede encontrarse en el blog de Borrasca; espero que a Novicia Dalila no le importe que tome prestado su avatar, por alusiones ;-)