
.



.
De personal nada; yo les tomo el pulso, y ese pulso es tan informativo como era leer el diario Alcázar durante la transición; mucho más que leer el ABC, o por supuesto El País, que no sabía nada de nada.
Hay días que percibo lo que antiguamente se llamaba "cruce de la muerte": la frecuencia cardiaca les sube y la tensión y la temperatura les bajan –hoy se llama shock- y en esas circunstancias se rebelan y matan al mensajero.

“Estáis muy enfermos”, les digo y ellos, en su delirio, me llaman “Dr. Mengele! Dr. Muerte! Dr. Infierno! Dr. Montes! Pero yo sigo intentando empatizar con ellos, y procurar que sanen, y si no, al menos que su alma se salve.
--------
P.S.- Este es una especie de friso de adeptos. ¿Alguien sabe por qué no figuran en él algunos de los más conspicuos? Yo os lo digo: están subsumidos.

.




--------
